Corintios trece – San Isidro Cañete

Nuestra vida en este mundo debemos vivirla a la mayor Gloria de Dios y para la salvación de las almas. No gastemos nuestra vida inútilmente, “matando” el tiempo, como suele decirse, sino aprovechemos el tiempo de vida que tenemos para salvar almas.

Jesús, en un mensaje que da al P. Michelini, le dice que un alma que se condena es mayor mal que todas las calamidades pasadas, presentes y futuras que suceden en el mundo. Y es que esa alma va a castigos eternos. No nos podemos hacer una idea lo que quiere decir esto. El sólo pensarlo –si lo pensáramos seriamente- es causa de que nos venga un gran fervor por salvarlas y salvarnos nosotros. Por eso el demonio ya no quiere que se hable del Infierno eterno, ni de la eternidad, que será según haya sido la vida en la tierra.

Abramos los ojos y no nos dejemos engañar por Satanás que nos quiere hacer olvidar lo más importante que es la salvación del alma, de la nuestra y de las de nuestros hermanos. No desperdiciemos nuestra vida, sino aprovechémosla para la Gloria de Dios y bien de nuestros prójimos.

Saludos desde el círculo de amor de San Isidro – Parroquia de Quilmaná Cañete Peru

SEÑOR DE LA ASCENCIÓN DE CACHUY

 Peculiar y abnegada devoción a la imagen del Señor de Cachuy

Cachuy está situado a 3, 560 mts sobre el nivel del  mar. Pertenece al departamento de Lima. Provincia de Yauyos, distrito de Catahuasi. No es un lugar provisto ni siquiera de relativa comodidad. Está situado en la falda cuasi cumbre de un cerro abrupto. Allá el peregrino va, no con el objeto de pasar un momento de solaz, va guiado por su fe, unos a cumplir su misión cristiana, otros, por impetrar y recibir un beneficio del Señor. 

No existen hoteles, casas de hospedaje, ni ningún lugar adecuado para cobijarse. A pesar de todas estas incomodidades la afluencia del peregrinaje es tan grande que se cuentan por miles durante las festividades del Señor.

Muchos de estos peregrinos se cobijan en carpas y otros permanecen a la intemperie durante los tres días de fiesta.

Existen tres caminos para subir a Cachuy.  Uno va por Pampas; por esta vía el viajero tiene que escalar colinas inmensas para bajar a Cachuy. Otro va por Putinza, por la que se sube la inmensa cuesta empinada de “Chuco”.  Y el otro, es el que parte por Canchan, es el mas tendido y traficado por los peregrinos de la costa.

En el tránsito de estos caminos no se encuentra agua ni ningún otro auxilio, por ser laderas accidentadas y abruptas. A pesar de las dificultades del viaje y estadía en Cachuy el número de peregrinos aumenta cada año, no sólo por moradores de esta región, sino que concurren anualmente desde tierras muy lejanas para convertirse en fervorosos devotos del Señor. 

Convendría en el trayecto de los caminos la colocación de cruces a ciertas distancias, a modo de las catorce estaciones del Vía Crucis, para que el sufrimiento de los millares de peregrinos sea de mayores méritos.  El Señor, recibirá con mayor agrado, estos  tributos dolorosos, en memoria de su pasión, ya que no se duda, que los retorne con abundantes bendiciones.

 

A los pies de Jesús.- Los momentos más imponentes y grandiosos que viven los millares de peregrinos que acuden a la fiesta anual del Señor, son cuando reciben las bendiciones tradicionales de llegada y de despedida, se postran llenos de gozo como si hubiese ganado una victoria gloriosa, después de reñida batalla, para recibir la bendición del Señor y ofrecerle sus tributos mas fervorosos y filiales. Acuden todos alegres y entusiastas, puesto que para llegar a estos agrestes lugares han tenido que sufrir mil contrariedades, obstáculos que el enemigo del hombre los ha puesto; pero estos peregrinos llenos de fe luchan y vencen; por eso decimos que van gozosos como si hubieran ganado la más reñida batalla.

La bendición consiste en que el sacerdote levanta la pequeña imagen del Señor y bendice al enorme gentío que se encuentra de hinojos.

En la bendición de despedida, los peregrinos se postran con cierta tristeza que se dibuja en sus rostros castigados por la inclemencia del tiempo y fatigas del camino y sobre todo por el pensamiento que embarga a muchos de ellos, sobre su próxima peregrinación al santuario.

La tradicional historia y milagrosa aparición de la imagen del Señor de la Ascensión de Cachuy.-

Cachuy, en quechua significa: verde. En el lugar conocido con este nombre hay un manantial, que a causa de la humedad del terreno, las hierbas están siempre verdes; debido a esta circunstancia, seguramente los antiguos llamaron a este paraje con el nombre indicado.

El pueblo de Cachuy, pertenece a la parroquia Santa María de Catahuasi, la cuál está a cargo de las madres misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

La aparición de la imagen.- Cuenta la tradición que en los tiempos remotos, Martín Barrios, humilde pastor, natural de Laraos, según unos y según otros de Huantán, apacentaba su ganado vacuno en un pastizal de la jurisdicción de Putinza, colindante con el de Tupe; su humilde choza se levantaba en “pampa de chuco”, distante 5 km. del actual pueblo de Cachuy.

 Un buen día próximo a la festividad de San Lorenzo, patrón del pueblo de Putinza, se le extraviaron sus vacas. Habiendo ido a buscarlas, llegó a una pampita pedregosa llena de maleza y espinas, junto a unos pedregales vio una figura humana, que pareció ser la de un niño, vestido con una túnica blanca; sorprendido por tan extraño hallazgo y creyendo ver visiones, se acercó a él y tomándolo por efigie de San Lucas, patrón de los vaqueros, la llevó a su choza, sin dejar de repuntar el ganado que extrañamente allí encontró. Al llegar a su morada, contó lo ocurrido a su esposa Elena y familiares mostrándole la imagen, improvisó un altarcito donde lo colocó y se pusieron a velarla hasta muy entrada la noche.

 

Al día siguiente advirtió, con sorpresa, que la imagen había desaparecido misteriosamente.  Confundido por este extraño acontecimiento, se echó a buscarla por todos los contornos de la casa, sin tener la suerte de encontrarla. En la noche en sueños, le reveló que volvería a verla en el mismo sitio donde había ocurrido el hallazgo. 

Tan pronto como amaneció, se encaminó, apresuradamente, al sitio indicado en el que con gran regocijo, volvió a encontrarla nuevamente.  Henchido de gozo se la llevó consigo y creyendo que su modestísima choza era inaparente para albergarla, edificó una capillita, junto a su morada, donde siguió tributándole, con mucho fervor y devoción el culto que merecía, con la seguridad de que le dispensaría el don de acrecentar en corto tiempo, el número de sus vacas.

A pesar del solícito culto que le rendía, la imagen volvió a desaparecer; pero Barrios, tenia la seguridad de encontrarla en el consabido lugar del hallazgo.  Se dirigió allí y la encontró, se la llevó y la colocó nuevamente en la capilla; esto aconteció muchas veces. 

El día de la víspera de la fiesta de San Lorenzo se encaminó Barrios a Putinza, llevando consigo la milagrosa imagen.  Cuando hubo llegado al pueblo, su primer acto fue presentarla al párroco quien al punto reconoció que la efigie no era de San Lucas, sino la del Señor de la Ascensión, y dispuso que se colocara en un sitio preferente del altar mayor del templo y que nadie la moviese de allí, para disipar la creencia de la superstición del encantamiento muy generalizada por entonces, entre los sencillos habitantes del lugar.

El día de la celebración de la fiesta de San Lorenzo antes de la Misa, el sacerdote echó de menos la imagen y viendo que no estaba en el sitio donde había sido colocada el día anterior, la buscó dentro del templo, en la población y sus alrededores, sin resultado satisfactorio. Ante este acontecimiento, el párroco y la gente creyeron que Barrios la había sustraído. Las autoridades le conminaron a entregar pero él tomando el santo nombre de Dios, les aseguró no haberla sacado, y para dar mas firmeza a sus dichos, relató las desapariciones anteriores y así consiguió que le dejasen en libertad, con la condición de que, en vista de lo narrado, fuese a buscarla, con cargo de dar cuenta el cuarto día.

Transcurrido este corto lapso, la gente esperaba con impaciencia el regreso de Barrios. Este, el día señalado, descendía la cuesta de “Chuco” trayendo la efigie milagrosa. Unos fueron a recibirla hasta “Añazo” y muchos se quedaron en la portada.  Como el párroco había caído gravemente enfermo, con ataques de cólicos hepáticos, falleció en esos instantes, por cuyo motivo la recepción se hizo sin ninguna ostentación.

Barrios, temeroso de que la gente supersticiosa pidiese su prisión, aprovechando del duelo que embargaba al pueblo, optó por huir a su estancia, llevándose la predicha imagen.

Presa de honda pena, contó a su esposa lo ocurrido, sin atinar él, ni ella el camino que debían tomar.  Pero el Señor, que conoce lo íntimo, todo lo secreto, lo consoló y le fortaleció en sueños, diciéndole: no tengas miedo, ni te aflijas. No te mortificarán más, al contrario te ayudarán a edificar mi morada en el lugar que te he mostrado.

-          Señor: ¿Cómo puedo, yo, débil criatura, edificar tu casa, en un lugar cubierto de espinas y piedras? – repuso Barrios.

-          Para mañana, todas estas dificultades habrán desaparecido, arguyó el Señor.

Cuándo Barrios se presentó, al día siguiente, en el lugar indicado, encontró una pampa terraplenada, con extensión suficiente como para construir una capilla y una población.

lleno de inefable gozo, llevó la nueva a sus familiares, pastores y vecinos, quienes fueron a constatar el suceso extraordinario, se agruparon en torno a la imagen para ofrendarle velas y flores; y después de un fervoroso velorio, procedieron a echar los cimientos del templo, en obediencia a las ordenes del Señor.

Estos primeros devotos, secundados por los pastores de los pueblos vecinos, edificaron la capilla, y alrededor de ella, levantaron sus casas, no sólo para guarecerse de las inclemencias del tiempo sino para morar junto al Señor y tributarle culto. 

Las autoridades civiles y eclesiásticas de Putinza y Pampas, al tener conocimiento de estos acontecimientos, dispensaron mercedes a los devotos fundadores y concedieron el título de pago o caserío o agrupación, a este naciente centro poblado, que se llamó desde entonces “Señor de la Ascensión de         Cachuy”. Pago llamado erróneamente “Matupampa” o “Cachucaja”, por algunos.

Es posible que haya habido documentos escritos sobre este suceso extraordinario en los archivos parroquiales; pero han desaparecido al incendiarse los templos y casas parroquiales, incendios que se han originado al caer los cohetes que se quemaban en las festividades sobre el techo de paja. Tal ocurrió en Pampas, Putinza, Yauyos, Huantán, Laraos.  Así desaparecieron valiosos documentos, altares artísticos tallados en cedro y muchos otros enseres dedicados al culto.

La aparición del Señor y estás escenas tradicionales se cree que se han realizado por los años 1678, mucho después de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo.

 

pejul pejul 

La Imagen del Señor a través de los siglos.-

La imagen de mide 55 cm. de alto; todas las partes del cuerpo son proporcionadas; la majestad de su rostro es algo indescriptible. El conjunto es fino y delicado. Se cree que la antiquísima imagen, salvo ligeros deterioros, se conserva tal como fue hallada por Barrios.

 Se cuenta que allá por los años de 1845, más o menos, la llevaron a Lima para hacerla retocar.  Terminada la obra, a satisfacción de la Comisión, el escultor la embaló en presencia de los comisionados. Una vez que estos llegaron a Cachuy abrieron el cajón en el que estaba embalada, con asistencia de muchas personas. No obstante el prolijo cuidado que se tuvo para  embalar, conducir y abrir el cajón,  se encontró la efigie en el mismo estado en que se hallaba antes del retoque, cuyos materiales habían caído como una capa de polvo de harina, encima de la imagen y contorno de ella. Este acontecimiento extraordinario dio lugar a que los devotos le rindiesen fervoroso culto durante muchos años, y hace comprender que no debemos de hacer nuevos retoques, sino dejarla tal cuál la encontró el humilde Barrios.

Las imperfecciones ocasionadas por los ósculos reverentes de los fieles y los toques del rostro con flores atestiguan su veneración desde remotos tiempos.

Con el correr de los tiempos, el diminuto caserío del Señor de la Ascensión de Cachuy  ha crecido bastante en número de habitantes. Muchos pastores de los pueblos vecinos engrosaron las filas de los devotos y formaron cofradías, para cuidar mejor la devoción del Señor.

Atraído por la fama de los milagros del Señor, año tras año el número de devotos aumentan algunos venidos de lejanas tierras.

 cachuy 2

PEREGRINOS DE LA VIDA: Todos somos peregrinos.

Unos subiendo a Cachuy, y otros sin subir.

Todos caminamos por el mundo al encuentro de nuestro Padre Dios.

A veces, la vida será difícil.

A veces, encontraremos dificultades y la subida será más costosa.

En uno y otro caso tendremos que caminar de la mano de nuestro Padre Dios, acordándonos de El con frecuencia, rezándole todos los días.

Sólo así llevaremos una vida auténticamente cristiana.

Sólo así llegaremos al cielo, que es meta de nuestro peregrinar.

 

Los peregrinos que acuden a Cachuy, ofrecen donativos en dinero, enseres, muebles, etc, otros a quienes el Señor ha dispensado ya beneficios, le obsequian ex – votos, los cuales consisten en pequeñas efigies (cabezas, brazos) según el beneficio obtenido.

CONSEJOS PARA EL PEREGRINO:

  • Lleva lo necesario para el camino. Es importante, tu Santo Rosario, un devocionario o algún libro piadoso.

  • Aprovecha hacer una buena confesión y comulgar con gran fe y devoción. Recuerda que lo más importante de esta romería es la SANTA MISA, y recibir los SACRAMENTOS.

  • Durante el camino sé un peregrino de verdad. Reza y haz rezar a los que te rodean, puedes rezar el vía crucis, el santo rosario y muchas jaculatorias, comuniones espirituales y actos de desagravios.

  • Para BAUTISMOS y MATRIMONIOS. Llevar los documentos necesarios: Boleta de inscripción, constancia de haber recibido charlas en su parroquia, licencias de traslado. Y para ser PADRINOS se requiere ser solteros o estar casados por Iglesia, no se aceptan convivientes.

  • Si estas embarazada eres hipertenso o estas enfermo no camines. Pues representas un peligro potencial para ti y para  los que van contigo.

  • Tomar precauciones con sus pertenencias. Si ves algo incorrecto avisar a los de seguridad.

  • Si tienes bebe, no lo lleves. Ellos no tienen la resistencia suficiente para soportar largas jornadas de sol y noches frías.

  • Aliméntate bien antes de salir, si estas haciendo dieta, suspéndela desde unos días antes.

  • Mantente permanentemente hidratado tomando permanentemente agua.

  • Camina exclusivamente por la mano izquierda y si por alguna razón debes cruzar de mano intentar hacerlo en forma organizada y en grupo.

  • Cede siempre el paso a los móviles de seguridad, sanidad y cuando éstos así lo requieran. Están a tu servicio y necesitan de tu colaboración.

  • Sé caritativo, ayuda al que lo necesite.

  • Tratemos de que ésta sea una manifestación de fe y un ejemplo. No tiremos la basura por el camino. ¿Has visto como queda el camino luego de terminada la peregrinación? ¿Qué mensaje da al que lo ve de afuera?

  • Lleva si es posible tu propia comida para el camino y si no es así ten cuidado con lo que consumes. Evita las comidas pesadas, frituras, carnes, alimentos que requieren frío y el alcohol. Es común encontrar peregrinos intoxicados.

La fe es peregrinar, subir, llorar, dudar, esperar, caer y levantarse, siempre caminar como los seres errantes que no saben dónde dormirán hoy y qué comerán mañana. Como Abraham, Jacob, Elías, San José y la Virgen María.

cachuy 3

HAMBRE Y SED DE DIOS

Eso mismo ocurre entre nosotros. Muchas almas tuvieron en otras épocas visitaciones gratuitas de Dios, experimentaron vivamente su presencia, recibieron gracias infusas y gratuidades extraordinarias, y aquellos momentos quedaron marcados como heridas rojas en sus almas. Fueron momentos especiales. Pasan los años. Dios calla. Estas almas son asaltadas por la dispersión y la tentación. La monotonía las invade. Se prolonga obstinadamente el silencio de Dios. Tienen que agarrarse, casi desesperadamente, al recuerdo de aquellas experiencias vivas para no sucumbir ahora.

 

 Jesús ha subido al Cielo.  Nosotros también iremos algún día al cielo con El… si vivimos como El.Cuando te cueste cumplir tus deberes, hacer el bien y vencer las tentaciones, acuérdate del cielo, donde te espera tu Padre Dios.

 

 

a grandeza de María no está en imaginarse que ella nunca fue asaltada por la confusión. Está en que cuando no entiende algo, ella no reacciona angustiada, impaciente, irritada, ansiosa o asustada. En lugar de eso, toma la actitud típica de los Pobres de Dios: llena de paz, paciencia y dulzura, toma las palabras, se encierra en sí misma, y queda interiorizada, pensando: ¿Qué querrán decir estás palabras? ¿Cuál será la voluntad de Dios en todo esto? La Madre es como una de esas flores que cuando desaparece la claridad del sol se cierran sobre sí mismas: así ella se repliega en su interior y, llena de paz, va identificándose con la voluntad desconcertante de Dios, aceptando el misterio de la vida. María antes de ser señora nuestra, fue Señora de sí misma que ella nos acompañe por el camino a Cachuy.

ORACIÓN AL SEÑOR DE CACHUY 

¡Oh, Señor de la Ascensión!

¡Oh, Jesús de Nazaret!

A ti venimos piadosos, a implorar paz y amor; lejos del  mundo y sus vicios, causa de nuestro dolor.

Atiende Cristo Amoroso, nuestro doliente clamor, Pastor sublime y divino que del cielo descendió.

¡Oh señor de las alturas!

Aquí estamos confundidos, llenos de fe y contrición, implorando entre sollozos la gracia de tu perdón.

Padre de misericordia, para el hijo infiel, traidor, míranos pidiendo tu perdón.

Amen.

  

HIMNO AL SEÑOR DE CACHUY

 En las alturas agrestes de Cachuy
Dios hizo brillar con luz muy grande allí
a Martín Barrios, Jesús se apareció
en una linda imagen que encontró.

Entre sus vacas Martín la vio brillar,
la recogió con cariño y con piedad,
ue era San Lucas creyó el Buen Pastor
y en su estancia la coloca con amor.

Pero la Santa Imagen regresó
al mismo lugar donde la encontró,
la traslada a Putinza el buen Martín
asustado y sin ver cual será el fin.
Reconocen al Señor de la Ascensión,
y todos juntos le dan veneración
pero de noche volvió a regresar
al mismo paraje que era su lugar.

Una capilla allí se construyó
y el Señor atiende siempre su oración.
Hacen todos una buena Confesión
y comulgan con gran fe y devoción.

Miles de ceras queman ante su altar,
se reza, se llora y cantan sin cesar.
danos Divino Señor de la Ascensión
Paz, Alegría, Gracia y Bendición

La cruz de Jesús, zarza ardiente del Dios Santo

 

 

Lecturas:
Éxodo 3, 1-8. 10. 13-15
Salmo 102
1 Corintios 10, 1-6. 10-12
Evangelio según San Lucas 13, 1-9 La Cruz de Jesús: zarza ardiente del Dios Santo “He visto…He escuchado…He bajado para redimir”

La Santa Cuaresma es un subir junto con Jesús a Jerusalén en donde vivirá su muerte de amor por todos nosotros. Allí vencerá la muerte y el pecado para siempre con la fuerza de su Resurrección. Cada año nos ponemos nuevamente en camino, como un generoso catecumenado, para ser injertados más hondamente en ése Misterio de muerte y Vida del Redentor.
El sentido de fe del pueblo sencillo concibe este camino bautismal de la cuaresma como un “acompañar” a Jesús, reviviendo en nosotros sus sentimientos de abajamiento, de mansedumbre, de compasión, su dolor amargo y crudelísimo, su incomprensión, el misterio de su abandono en Getsemaní y en la Cruz[1]. ¡Cuán cercano nos vemos de un Dios que sufre, de un Jesús herido! El Rostro de Dios que se nos revela en la Cruz no es el de un “desentendido e indiferente” ante la pérdida de su criatura, sino la de un “Dios que padece por amor” y padeciendo por amor nos revela lo más hondo de su Ser que es Amor Misericordioso…
Como sacerdote me gusta muchísimo sentarme un largo rato en algún banco de la Iglesia o en el mismo confesionario, y mientras rezo un poco –cosa que tanta falta nos hace a los curas-, contemplo a los fieles[2]… Son tantos que en estos días de Cuaresma, especialmente los viernes, silenciosamente, recorren y “comulgan” con el Jesús humilde del Via Crucis. Se sienten comprendidos y acogidos por el Cordero Inocente que lleva la Cruz con dificultad, que cae, que tiene miedo, que se angustia, que se ve abandonado, que necesita ayuda, que es enjugado por la misericordia, que calla y perdona, que suplica con sus labios resecos el agua de nuestro amor, que se despoja de todo, que nos confía a su Madre bendita, que muere abandonado… Creo que todos los que acompañan a Jesús en ese caminar con la Cruz salen no sólo reconfortados sino con un nuevo conocimiento de Jesús y de la propia vida: ¿puedo quejarme de mi pequeño dolor? ¿Y EL?… Acompañar a Jesús, aunque sea unos minutos, nos vuelve teólogos, nos hace experienciar: “Quién es Dios”, nos abre los ojos ante su Misterio, ante su Santidad. Nos hace incandescentes con su mismo amor. Ya que la Cruz es el máximo misterio de la Revelación Divina. La primera lectura de este domingo, en base a la cual voy a centrar toda esta meditación, es no sólo la vocación de Moisés sino la Revelación de la Compasión salvadora de Dios. El Señor quiere salvar a su pueblo de las cadenas de la esclavitud y la opresión, su voluntar es salvar, es vivificar, es redimir. El Señor revela su compasión y manifiesta que no es una fuerza anónima, impersonal, abstracta, una deidad más, un buen arquitecto masónico… Es un Amor Salvador que se revela, que nos regala su Nombre, su Intimidad, nos permite tratarle de “Tú”, invocarlo, suplicarle…Es un “Dios Escondido” pero cercano, es la Trascendencia pero también es la más honda intimidad de toda criatura. Este icono de la revelación de Dios y su Nombre Santo en la zarza ardiente es uno de los Misterios más relevantes de la Antigua Alianza. Algunos autores espirituales[3] han llamado el episodio de la zarza ardiente una “encarnación anticipada”. Un preludio de la Encarnación, un comenzar la donación de Dios a nosotros que encontrará su plenitud en el “Verbo que nació en nuestra carne para poder morir por nosotros” (San Atanasio). Dios revela su Nombre. El Nombre nos expresa la esencia, la identidad honda de una persona, sobre todo nos está mostrando el sentido de una existencia. Cuando Dios nos comunica su Nombre se nos da a conocer, se comunica a nosotros, se nos hace accesible, capaz de ser íntimamente conocido y de ser invocado personalmente. Su Nombre es Salvación[4]. Su Nombre es nuestra Roca firme y segura, su Nombre es nuestro auxilio. Como cantan casi todos los salmos y la liturgia de la Iglesia en sus bendiciones. Intentemos describir los pasos de esta Revelación del Nombre Santo, de esta develación del Dios Escondido[5] que se nos muestra como el Compasivo. En primer lugar el Señor le dice a Moisés: “Yo he visto la opresión de mi pueblo…” “He visto…” La mirada de Dios, que nos sostiene día a día, no puede dejar de observar dolorido la pesadumbre de su criatura amada por los yugos interiores y exteriores. Es la mirada del Padre misericordioso, en la parábola del Hijo pródigo, que busca en el horizonte los rasgos de su hijo, lo llama y atrae con su mirada de amor y finalmente cuando lo ve a lo lejos[6] se lanza alocadamente en su búsqueda. Segundo paso: nuestro Dios inclina su oído, nuestro Dios escucha el gemido de su criatura. “He oído los gritos de dolor”. En tantos salmos le gritamos confiadamente al Señor: ¡¡Señor escucha mis palabras, atiende a mis gemidos!![7] ¡Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado. Protege mi vida, que soy un fiel tuyo[8]…Desde lo más profundo te invoco, Señor. Señor, escucha mi voz…estén tus oídos atentos al clamor de mi suplica[9]. El orante confía en que el Señor tiene su oído vuelto a su gemido. La oración siempre será ejercicio teologal de la esperanza. Apoyarnos en la fidelidad del Señor que no desprecia ni desatiende nuestras palabras de auxilio aunque nosotros seamos sordos a su Palabra de vida. Y junto a los gemidos y las palabras de auxilio: las lágrimas. Las lágrimas espirituales tan queridas y deseadas por los Padres del desierto. Qué consuelo y serena fortaleza nos comunican las palabras del salmo cuando le decimos al Señor: “Recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.” Ninguna lágrima de su criatura herida, oprimida, caída quedará sin el consuelo de su Dios[10]. Tercer movimiento: Dios no sólo mira la opresión, inclina el oído al gemido, sino que se abaja para salvar. Viene a nosotros. Él mismo viene a salvarnos: “He bajado a librarlos…” Este abajamiento, este venir de Él mismo como Redentor se dará en plenitud en la gruta de Belén, pero también en los abismos del Getsemaní en donde se abaja Jesús en su postración y finalmente en el abajamiento de la Cruz que es asimismo la máxima exaltación de Jesús: “Regnabit a ligno Deus”[11]

“Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada” Ante este movimiento descendente de Dios se le invita al hombre a ascender, a subir, a acercarse al Dios Santo. Pero este llamado personalísimo: “¡Moisés! ¡Moisés!”, debe ir acompañado de la respuesta humilde y confiada de la criatura. La persona humana se debe descalzar, despojar de las pieles muertas, del hombre viejo, del antiguo Adán, para entrar en el Misterio Santo del Fuego[12] que consume, que transforma, que ilumina, que cauteriza las llagas, que quema y toca para transformar en sí mismo, para Deificarnos. Toda la Cuaresma es la invitación a descalzarnos…imagen de la desnudez de sí mismo, de nuestros caprichos, de nuestros egoísmos, de las pieles muertas de nuestros vicios materiales y espirituales. Sólo quien está descalzo puede acceder, en su gozosa pobreza, a la Revelación del Santo Nombre de Dios. Sólo en la pobreza podemos ser trasformados por la Llama que consume y no da pena (San Juan de la Cruz). Para este despojo humilde de sí mismo en orden a acoger la plenitud del Ser del Dios vivo cuánto nos ayudaría en esta santa Cuaresma el repetir diariamente la bella oración del gran Santo ermitaño Nicolás de Flüe, patrono de Suiza, que exclamaba ante el Misterio del Dios que es Fuego consumidor: “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a ti”. Junto al despojo de sí mismo, la postración de la adoración ante el Dios vivo: “Moisés se cubrió el Rostro, porque tuvo miedo de ver a Dios”. La cuaresma nos enseña a ser adoradores en espíritu y en verdad[13]. Nos enseña a reconocer que adorar es reconocernos criaturas amadas y dependientes del “Que Es”. La adoración nos purifica de las vanas ilusiones, de los espejismos de la soberbia, de la adoración del ídolo de la propia imagen para poder vivirnos como una relación creatural. La adoración es gozosa conciencia del Misterio, es saber reconocer la absoluta trascendencia y primacía del Amor Divino, para no anteponer nada a El. La adoración es dejarse conformar –restaurar y modelar- por el Misterio del Dios vivo, la adoración culminará en la entrega de nuestro amor al Creador que tiene sed de la respuesta de su criatura.

Descalzos y adorantes para ofrecerle el fruto de nuestro amor La Iglesia en su liturgia, escuela de fe y de vida cristiana, tiene un momento solemne en donde se hace presente este Misterio de Revelación y Salvación que es la Zarza ardiente. Mediante este rito Dios se nos revela plenamente como Amor Salvador en su Hijo Crucificado y muerto. En esta elevación y exaltación del Hijo amado podemos descubrir que “El que Es” es “El Amor”. Me refiero a la adoración de la Santa Cruz que vamos a revivir dentro de pocos días. La Cruz es la Zarza ardiente en la cual arde el Amor divino; arde la Santidad y la Justicia de Dios. Es la Zarza ardiente ante la cual podemos arrojar nuestras miserias y maldades para que sean consumidas definitivamente por la Misericordia. Todo el rito está fuertemente inspirado en la teología de San Juan: “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy”.[14] También en este acercarnos a la Zarza ardiente de la Cruz nos descalzamos como Moisés: es impresionante el momento cuando tanto el Sumo Pontífice como un sencillo párroco se acercan descalzos a adorar la Cruz. Despojados y desnudos a adorar a Jesús Crucificado. Antiguamente todos los fieles acudían descalzos a adorar la cruz imitando este gesto de Moisés ante la revelación del Nombre Divino. Mientras tanto el coro canta los dolidos improperios del Amor Crucificado que se queja tiernamente de nuestros rechazos, de nuestros salivazos, de nuestras espinas, de la amarga hiel que le dimos cuando El, que tan delicadamente nos había trasplantado y cuidado, esperaba buenos frutos[15], frutos de sinceridad y de justicia: “¿Pueblo mío qué te he hecho, en qué te ofendido? ¡Respóndeme![16] Yo te planté, te cuidé, te aboné y ¿Dónde están tus frutos? ¿Dónde está el fruto que esperaba mi amor? Sin embargo el Dios que se nos revela en la zarza ardiente de la Cruz es nuestra Santidad. En su Hijo entregado el Padre se reconcilia con nosotros. Nos hace renacer, siempre nos da una nueva oportunidad, siempre está dispuesto a empezar una nueva historia de amistad con nosotros. El Hijo amado está clamando con más eficacia que la Sangre de Abel[17] por sus hermanos, por nuestra infecundidad, por la dureza de la tierra de nuestro corazón que se resiste a abrirse en un fruto agradecido. El Hijo en la Zarza ardiente del Amor divino está intercediendo por nosotros: “Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás”[18] En estos días santos detengámonos largamente ante nuestro crucifijo, vayamos sin prisas al Santo Cristo de una iglesia[19], recorramos el camino de la Cruz…dejemos que el fuego del amor misericordioso de ésa zarza pueda consumir nuestra frialdad e indiferencia, que la luz de esa zarza pueda iluminar nuestras tinieblas y nuestro caminar, que la compasión del Dios que se abaja por nosotros en la Cruz pueda curarnos, liberarnos y hacernos entrar –descalzos- en la Tierra de su Vida. La Vida de su Hijo. Moisés se cubrió el rostro ante la Gloria del Dios Santo en la zarza ardiente, la Iglesia se postra, rostro en tierra, ante la Gloria del Amor Crucificado. Pero esta postración, esta adoración, es a la vez puro amor. Será un amor virginal como el de María, un amor de amigo fiel como Juan, o un amor penitente como el de María Magdalena, pero siempre será puro amor. Descalzos y postrados nos acercaremos el Viernes Santo para adorar a Jesús Crucificado y para calmar su sed[20] le ofreceremos nuestro amor. ¡Que ése beso ardiente que depositemos sobre sus pies benditos –no somos dignos de besar su Divino Rostro- sea el fruto precioso de conversión y de vida nueva que El espera! Fruto que ha hecho posible gracias al riego y al abono de sus lágrimas y de su preciosísima Sangre. Y en ese beso amoroso escucharemos la gran revelación del Nombre Divino:
“Yo soy el que Soy”[21] “Yo Soy el Amor y la Misericordia misma”[22]

Para orar ante la Zarza ardiente del Crucificado: A vos, corriendo, voy brazos sagrados
en la cruz sacrosanta descubiertos,
que para recibirme estáis abiertos,
y por no castigarme estáis clavados.
( Juan María García T., poeta colombiano)

A vos, divinos ojos eclipsados,
de tanta sangre y lágrimas cubiertos,
que para perdonarme estáis despiertos
y por no confundirme estáis cerrados.

A vos, clavados pies para no huirme,
a vos, cabeza baja, por llamarme;
a vos, sangre vertida para ungirme.

A vos, costado abierto quiero unirme;
a vos, clavos preciosos quiero atarme
con ligadura dulce, estable y firme.

Nuestro agradecimiento al P. Marco Antonio Foschiatti OP
Noviciado San Martín de Porres- Mar del Plata- Argentina

———————————- [1] Nos son tan conocidas las palabras de San Ignacio de Loyola cuando nos introduce a los Misterios de la Pasión en sus Ejercicios Espirituales: “Dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas, pena honda, de tanta pena que Cristo pasó por mí”.
[2] Un buen sacerdote me decía un día que preparaba su prédica no sólo meditando, orando y estudiando los textos sagrados…sino sentándose un largo rato en la Iglesia y dando un paseo por la calle o por la plaza, para contemplar los rostros de tantas y tantas personas…Mirándolos comprendía cómo podía partirles el Pan de Vida de la Palabra.
[3] Entre ellos, el más cercano a nosotros, P. Dimitri Stanisloe, teólogo ortodoxo rumano.
[4] Sal 123, 8.
[5] Is 45, 15.
[6] “Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido corrió, y se echó a su cuello y le besó efusivamente” (Lc 15, 20)
[7] Sal 5.
[8] Sal 141, 142, 143.
[9] Sal 129 “De profundis”.
[10] “Como un niño a quién su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado” (Is 66, 13-14).
[11] Himno Vexilla Regis: “Nuestro Dios reinará desde el madero”. La Cruz es abajamiento humilde y exaltación eterna del Hijo amado.
[12] “Yahvé, tu Dios, es un fuego consumidor, un Dios celoso” ( Dt 4, 24).
[13] Jn 4, 24.
[14] Jn 8, 28. También “ Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré todo hacia mí”(Jn 12, 32).
[15] “Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad: honradez y hay alaridos” Is 5, 7.
[16] Mi 6, 3.
[17] Hb 12, 24.
[18] Lc 13, 8-9.
[19] Para este piadoso ejercicio luego les propongo un bello poema de Juan M. García T.
[20] “Mujer, dame de beber” “Tengo sed” cf Jn 4, 7; 19, 28.
[21] Ex 3, 14. Esta revelación del Nombre Divino alcanza su plenitud en la mirada a Aquel a quién traspasamos. El Discípulo amado con los ojos fijos en el Traspasado podrá luego decirnos que “El que es Es” es “El Amor”: “Quién no ama no ha conocido a Dios porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. ( I Jn 4, 8-10).
[22] Palabras de Jesús a Santa María Faustina Kowalska, Apóstol de la Divina Misericordia. Publicado por fraternidad

No hay nada mas perfecto que el amor

Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios – el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy.

Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.

No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.

El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías son también algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.

Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. Pero cuándo me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño. Así también en el momento presente vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero entonces las vemos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.

Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor. 

¡Hola mundo!

Welcome to WordPress.com. This is your first post. Edit or delete it and start blogging!